miércoles, 7 de noviembre de 2007

La tierra y la muerte

Cesare Pavese
(traducción de juan m. gonzález moras)


i

Tierra roja tierra negra
tú vienes del mar,
del verde reseco
donde hay palabras
antiguas y cansancio sanguíneo
y geranios entre las piedras-
no sabes cuánto traes
de mar y cansancio,
tú rica como un recuerdo,
como el yermo campo
tú dura y dulcísima
palabra antigua por la sangre
juntada en los ojos;
joven, como un fruto
que es recuerdo y estación-
tu aliento reposa
bajo el cielo de agosto,
las aceitunas de tu mirada
endulzan el mar,
y tú vives revives
sin asombro, cierta
como la tierra, oscura
como la tierra, trituradora
de estaciones y de sueños
que a la luna se descubre
antiquísima, como
las manos de tu madre,
el cuenco del brasero.


ii

Eres como una tierra
que nunca nadie ha nombrado.
Tú no esperas nada
sino la palabra
que surgirá de lo hondo
como un fruto entre las ramas.
Hay un viento que te llega.
Cosas secas y macilentas
te llenan y van en el viento.
Miembros y palabras antiguas.
Tú tiemblas en el verano.


iii

También tú eres colina
y surco de piedras
y juego en las cañadas,
y conoces la viña
que de noche calla.
Tú no pronuncias palabras.

Hay una tierra que calla
y no es tu tierra.
Hay un silencio que dura
sobre plantas y colinas.
Hay aguas y campiñas.
Eres un cerrado silencio
que no cede, eres labios
y ojos oscuros. Eres la viña.

Es una tierra que espera
y no dice palabra.
Han pasado días
bajo cielos ardientes.
Tú has jugado a las nubes.
Es una tierra mala
Tu frente lo sabe.
También esto es la viña.
Reencontrarás las nubes
y la cañada, y las voces
como una sombra lunar.
Reencontrarás palabras
más allá de la vida breve
y nocturna de los juegos,
más allá de la infancia encendida.
Será dulce callar.
Eres la tierra y la viña.
Un encendido silencio
quemará el campo
como las fogatas a la noche.


iv

Tienes cara de piedra tallada,
sangre de tierra dura,
has venido del mar.
Todo lo recibes y lo escrutas
y repudias de ti
como el mar. En el corazón
tienes silencio, hay palabras
tragadas. Eres oscura.
Para ti el alba es silencio.

Y eres como las voces
de la tierra –el choque
del balde en el pozo,
la canción del fuego,
el caer sordo de una manzana;
las palabras resignadas
y sombrías en los umbrales,
el grito del niño –las cosas
que nunca pasan.
Tú no cambias. Eres oscura.
Eres la bodega cerrada,
con el piso de tierra,
donde ha entrado una vez
el chico descalzo,
y que se recuerda para siempre.
Eres la pieza oscura
Que se recuerda siempre,
como el patio antiguo
donde se abría el alba.


v

Tú no sabes de las colinas
donde se esparció la sangre.
Todos huimos
todos arrojamos
el arma y el nombre. Una mujer
nos miraba huir.
Solo uno de nosotros
se detuvo a puño cerrado,
miró el cielo vacío,
inclinó la cabeza y murió
bajo el muro, callando.
Ahora es un trapo de sangre
y su nombre. Una mujer
nos espera en las colinas.


vi

Salobre y de tierra
es tu mirada. Un día
te salpicaste de mar.
Hubo plantas
a tu lado, cálidas,
y todavía son tuyas.
El agave y el laurel.
Todo encierras en los ojos.
Salobre y de tierra
son tus venas, tu aliento.

Baba de viento cálido
sombra del sol en Leo-
todo encierras en ti.
Eres la voz de roca
del campo, el grito
de la perdiz oculta,
la tibieza de la piedra.
El campo es cansancio,
el campo es dolor.
Con la noche el gesto
del campesino calla.
Eres el gran cansancio
y la noche que sacia.

Como la roca y la hierba,
como la tierra, eres secreta;
te sacudes como el mar.
No hay palabra
que pueda poseerte
o frenarte. Recoges
como la tierra los golpes,
y les haces vida, aliento
que acaricia, silencio.
Eres reseca como el mar,
como el fruto de un escollo,
y no pronuncias palabras
y ninguno te habla.


vii

Siempre vienes del mar
y tienes la voz de roca,
siempre tienes ojos secretos
de agua viva entre hogueras,
y frente baja, como
cielo bajo de nubes.
Cada vez revives
como una cosa antigua
y salvaje, que el corazón
ya sabía y se guarda.

Cada vez es un desgarro,
cada vez es la muerte.
Nosotros combatimos siempre.
Quien se dispone al choque
ha saboreado la muerte
y la lleva en la sangre.
Como buenos enemigos
que no se odian más
nosotros tenemos una misma
voz, una misma pena
y vivimos afrentados
bajo un pobre cielo.
Entre nosotros no más insidias
Nada de cosas inútiles-
combatiremos siempre.
Combatiremos todavía,
Combatiremos siempre,
porque buscamos el sueño
de la muerte juntos,
y tenemos voz de roca,
frente baja salvaje
y un idéntico cielo.
Fuimos hechos para esto.
Si tú o yo cedemos al choque,
sigue una noche larga
que no es paz o tregua
ni muerte verdadera.
Tú ya no estás. Los brazos
se debaten en vano.
Hasta que tiemble el corazón.
Han pronunciado un nombre que es tuyo.
Recomenzar de la muerte.
Cosa ignota y salvaje
has renacido del mar.


viii

Y entonces nosotros viles
que amábamos la noche
susurrante, las casas,
los senderos del río,
las luces rojas y sucias
de aquellos lugares, el dolor
manso y mudo-
arrancamos las manos
de la viva cadena
y callamos, pero el corazón
se agitó en la sangre,
y no fue más dulzura,
no fue más abandonarse
al sendero del río-
-y nunca más siervos, supimos
estar solos y vivos.


ix

Eres la tierra y la muerte.
Tu estación es la oscuridad
y el silencio. No vive
cosa como tú
más remota del alba.

Cuando pareces despertarte
eres solamente dolor,
lo tienes en los ojos y en la sangre
pero tú no lo sientes. Vives
como vive una piedra,
como la tierra dura.
Y te visten sueños
movimientos convulsos
que tú ignoras. El dolor
como el agua de un lago
tiembla y te circunda.
Son círculos en el agua.
Tú los dejas desvanecer.
Eres la tierra y la muerte.


Cesare Pavese, nacido en Santo Stefano Belfo, Italia, en 1908 y muerto en 1950, escribió estos nueve poemas en Roma, entre el 27 de octubre y el 3 de diciembre de 1945, para una mujer: Bianca Garufi. Según él mismo relató en su diario, esta obra sería “...la explosión de energías creativas bloqueadas durante años (‘41-’45), no saciadas por los ‘pedacitos’ de Feria d’agosto y excitadas por los descubrimientos de este diariecito, por la tensión de los años de guerra y campo... que te devolvieron una virginidad pasional (a través de la religión, el alejamiento, la virilidad)... en una ocasión que mezcla mujer, Roma, política...” (Diarios, 17 de diciembre de 1949). El conjunto de poemas fue posteriormente publicado en revistas y antologías poéticas, hasta su inclusión en la colección de poemas completos que del autor hizo tiempo después la editorial Einaudi.
Los textos para esta traducción fueron tomados de la edición italiana: Cesare Pavese, Le poesie, Giulio Einaudi editore, Torino, 1998.-

2 comentarios:

cristopo dijo...

Pareciera que aún mantienes viva la llama del buen gusto. Hay esperanzas. Qué esperas para poner en este blog algún poema tuyo? No pude leer ese libro de la tempestad naranja, transcribite algo.

Juan M. González Moras dijo...

Bueno, cómo no. En la próxima entrada irá algún fragmento de aquel "anaranjado color de tempestad".
salutti, j